No hay palabras para expresar la indignación. Fíjense lo que le acaba de pasar hoy a mi hermana en esa endemoniada clínica. Ella llegó con una operación programada y dos cheques por el monto de 12 millones de bolívares a la jodida clínica, monto que había sido presupuestado por la misma y que habían sido emitidos por el seguro a nombre de la clínica. Pues bien los condenados toman los cheques y dicen que no pueden realizar la operación sino hasta que se hagan efectivos (48horas). Como mi hermana vive en Maracay y le es difícil retornar otro día decide buscar el dinero en efectivo, claro la clínica dijo que si llevábamos el efectivo ellos nos retornarían los cheques. Allí empezó la estafa, los muy "·$%$%&/(() después de la operación aumentaron los costos sin ninguna razón y terminaron cobrando 6 millones más, es decir 18 millones. Y ahora no quieren devolver la plata porque supuestamente es parte de los honorarios profesionales.
Escribo esto para que estén alerta y no sean víctimas de un DESCARADO ROBO como el que sufrió mi familia. No encuentro palabras para expresar mi indignación.
Marlow Zurita
jueves 8 de mayo de 2008
No vayan a la clínica la Floresta son unos ladrones!!!
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domingo 13 de enero de 2008
Me he quedado ciego
Nuestra civilización, con ello me refiero a Occidente, parece centrar todo su conocimiento en la luz y en aquello que, Ernesto Mayz Vallenilla llama óptico lumínico, es decir, consideramos y reflexionamos el mundo desde una perspectiva totalmente visual. Siempre oímos en cualquier lugar decir "¿acaso eres ciego?" "lo tienes en tus narices y eres incapaz de ver las cosas" o frases parecidas, pero ¿qué sucedería si un día todos nos quedásemos ciegos?
La pregunta anterior es lo que intentó responder José Saramago en su, magnífico libro, Ensayo sobre la ceguera. Es imposible intentar que, quien lee estas palabras, pueda saborear la exquisitez con que Saramago desarrolla un relato cargado de poderosas “imágenes”-fíjense una referencia visual- y metáforas que simplemente alegran el espíritu, al menos ese fue mi caso. La fuerza de la luz fue lo que dejó ciegos a los pobladores de un país que podría ser cualquiera y ninguno a la vez; la ceguera de Saramago es blanca como la leche. Es la luz la que no nos ha permitido ver, la que nos ha cegado el espíritu de la compasión.
Traigo a colación este tema, porque debo confesar que jamás me había planteado la posibilidad de quedar totalmente ciego y lo que ello supondría en una sociedad marcada profundamente por metáforas y símbolos visuales; el vacío y soledad de una ceguera podría enloquecer hasta al más sabio y fuerte de los hombres. Siendo honesto, y abriendo un poco mi ser, nunca he sentido compasión por los ciegos. Los he visto transitar por calles y avenidas sin tender siquiera una mano de ayuda, sin pronunciar una palabra de aliento, eso fue hasta hoy.
Quizá, a todos nos hace falta imaginarnos que somos el otro. Sufrir con ellos su pesar, lamentar su dolor, ser un poco más humanos. La conclusión que me ha quedado luego de leer a Saramago es que los ciegos somos nosotros. Ciegos de indiferencia, ciegos morales. Hay algo en nosotros que nos permite crear escenarios llenos de posibilidades, recrear ficciones, mentirnos de la forma más descarada. El descaro con que lucho hoy me permite “ver”, comprender, entender que un par de minutos de guía por los pasillos del metro, no es tan pesado, por el contrario, es de grandes hombres.
Hoy di un gran salto como persona, me fijé en el mundo y pude ver en muchos años: un paso, dos pasos, Buenas tardes señor, Buenas tardes, ¿hacia dónde se dirige?, Escuche con atención, hijo, yo voy a Gato Negro, ¡Ah! Gato Negro, eso es via propatria, venga por aquí le ayudo, ¿tiene usted tickect?, No, no tengo ticket, Vamos a la taquilla, yo le compro uno.
Sólo dos minutos de mi vida, gracias Saramago.
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martes 13 de noviembre de 2007
La reforma, el asesinato de un pueblo
La filosofía se ha preguntado desde milenios atrás cómo debemos vivir: la areté griega fue motivo de reflexión para Platón, entre otros. Sin contar con la frónesis aristotélica que deja mucha tela que cortar. La ética es un modo de hacer filosofía, por ello en momentos de caldeados ánimos de la política nacional intentaré dilucidar qué debo hacer, es decir, de qué forma me puedo aproximar a lo que podemos entender por el actuar correctamente frente a la situación política que atraviesa nuestro país.
Estas breves palabras son producto de una discusión en torno al problema de la libertad y mi papel en tanto que individuo inmerso en sociedad; la cual sostuve, en el seno de nuestra querida universidad (UCV), con Nairim Izaguirre; he allí la necesidad de aclarar mis ideas y de intentar darle coherencia a un discurso de la acción política y de la rebelión popular. Para no dar más vueltas al asunto, el tema trata lo siguiente: ¿podemos forzar a los individuos a ser libres o la libertad es sólo una conquista personal? ¿Tenemos el derecho de privarnos de nuestra propia libertad? ¿Ser humano y libertad van siempre de la mano o se puede ser humano sin libertad? ¿Se justifica el uso de la violencia si se trata del afán de libertad? Y en última instancia: ¿Qué entendemos por libertad de acción política hoy día?
Desde tiempos de Parménides ser y pensar son lo mismo, es decir, aquello que es real es lo pensado; no en balde Hegel afirmó, todo lo real es racional y todo lo racional es real, luego, toda noción de acción política ha de ser, necesariamente, la expresión del pensar. Aquello que se decanta en la historia de las acciones humanas es el pensamiento que se afianza y se quiere más a sí mismo. Por lo tanto, pensamiento y acción han de configurar una unidad indisoluble; con lo cual, aquello que soy es producto de mi hacer con ideas y, aquello que he de ser, con más razón, debe ser producto de mi hacer reflexivo. Ser humano y ser político, es estar en conciencia de mi estar en el mundo co-relacionado, para reflexionar, necesariamente ha de existir otro sobre el cual reflejar mi propio pensamiento; cómo diría el poeta y filósofo Octavio Paz “para ser he de ser otro, porque sin los otros no soy, pero los otros son sin mí”. Luego, la acción política, en tanto que movimiento del pensar reflexivo es una tensión entre lo uno y lo múltiple, entre el individuo y la sociedad, entre mi yo en relación con otros. Lo que significa que el individuo es necesariamente parte intrínseca de la sociedad, por ello, nociones aglutinantes terminan por disolver al individuo entre un monocolor casi nauseabundo. Habrán muchos que afirmen que el individuo nada tiene que hacer frente a la vorágine que significa la necesidad de la historia; no obstante, la historia está compuesta por individuos que pululan y apetecen el existir y ser libres en concordancia con su pensar y su actuar, es decir, cada individuo apetece ser y la sociedad aglutinante está siempre amenazando al individuo, es decir, el estado totalitario siempre amenaza con devorarnos en las fauces de la uniformidad, por ello, el individuo y el estado, entendido este último como aquellos que ejercen el poder dentro de la sociedad, se encuentran siempre en contradicción, siempre en lucha, en constante guerra, no es casual que desde hace tiempo se entiende a la guerra como la madre de todas las cosas.
Retomando nuestros cuestionamientos ¿Podemos forzar al individuo a ser libre? Pues, el estado es, necesariamente, una opresión que siempre nos amenaza; siempre en guerra el individuo ha de labrar para sí su libertad en confrontación con el todo que le señala y le oprime, luego, no es posible un estado que promulgue el poder para el pueblo, pues el estado y el individuo son enemigos por naturaleza. Por lo tanto, trayendo el problema a nuestros tiempos, el estado venezolano, conforme a su naturaleza, nos amenaza y oprime. Siendo signo claro la reforma propuesta por el mandatario nacional que pretende concentrar el poder en ese eterno afán de control y opresión, ergo, los individuos deben luchar por su libertad, ya que la libertad es siempre una conquista, siempre un punto de llegada y de partida, un eterno retorno de la voluntad que vuelve sobre sí misma y su querer ser libre. En conclusión respecto a la interrogante que inicia este párrafo, la libertad debemos ganarla, jamás será cedida.
El privarnos de nuestra libertad significa el negarnos a ser lo que somos, nuestra naturaleza apetece el ser, es una condición propia de todo ser biológico, el ser persiste en su ser y, en ese persistir, se busca a sí mismo en los otros; siempre en eterna contradicción con el todo asfixiante y gris. Por ello, un pueblo que no apetezca su libertad, un pueblo dispuesto a ceder su libertad individual, aprobando una reforma que entregue su libertad al tirano que pugna siempre por lo que todos los hombres de poder desean: más poder, es un pueblo que entra en contradicción con su propia naturaleza: que es apetecer su propio ser, es decir, apetecer y ganarse la libertad. Al contradecir su propio ser deja de ser humano para rebajarse a un autómata que actúa conforme a los designios del estado. Por lo tanto, dar el SÍ a la reforma es apetecer aquello que de suyo nos está negado: el dejar de ser lo que somos, a saber: humanos. Por lo tanto, no hay individuo que tenga el derecho a privarse de su libertad; lo cual lleva afirmar que la reforma del gobierno es en sí misma una contradicción con la naturaleza humana y, más allá del ilícito jurídico que supone, se presenta carente de todo derecho natural a ser implantada, puesto que niega y contradice nuestra naturaleza. De otro modo, votar por el SÍ es negarse a sí mismo y privarse de libertad. Repito, no es libre un pueblo al dar el SÍ a una reforma como la que plantea nuestro gobierno. En consecuencia, ser libre es ir en contra del ilícito que supone la reforma, hacer lo contrario es dejar de ser humano.
En la búsqueda de lo correcto y de cómo debo vivir queda una pregunta latente: ¿Se justifica el uso de la violencia si se trata del afán de libertad? Antes de responder a esta interrogante demos un breve vistazo a la historia de nuestro país. ¿Acaso Bolívar tuvo el derecho de liberar a una nación que otrora no existía?, pues, en cierto modo, (según algunos) Bolívar liberó de la tiranía a una nación que no existía, pero que, definitivamente, apetecía el existir. Es claro que Bolívar no tenía el derecho a forzar a los individuos a ser libres, no nos confundamos, Bolívar no liberó a un pueblo, sino que éste pueblo, más bien, se hizo a sí mismo. La conquista de la libertad venezolana, es una conquista individual, es una conquista de cada individuo, es decir, el pueblo se hizo a sí mismo a través del ejercicio de su libertad, la cual se expresa en cada uno de los seres particulares. De otro modo, los individuos fueron libres porque así se lo ganaron; Bolívar no es más que uno de los protagonistas de la historia que marcó el principio del apetito de un pueblo por ser con mayúsculas.
Retomando nuestro hilo conductor, es importante preguntarse si los que aún sin ser venezolanos tuvieron el derecho a ejercer la violencia para poder llegar a ser libres, pues, de algún modo, la muerte fue protagonista de la gesta emancipatoria de nuestro país. Iniciaré mi respuesta desde la conclusión: sí, cada pueblo tiene el derecho de ser lo que es y de ejercer su naturaleza, ya que si se le intenta privar de su ser significa lo mismo que ser aniquilado, es decir, privar a un individuo de expresar su naturaleza es privarle de su libertad y es aniquilarlo en tanto que ser en acción. La muerte es dejar de ser, el privarnos de nuestra libertad es privarnos de nuestro ser, es decir, asesinarnos físicamente es idéntico a lo que intenta hacer nuestro gobierno. Por lo tanto, la reforma es lo mismo que el asesinato de un pueblo, por ende la violencia en defensa de la libertad es actuar en defensa de nuestro ser y nuestras vidas. En consecuencia, la violencia que defiende libertad está en el pleno derecho de luchar como lo haría cualquier individuo si siente su vida amenazada, pues, de hecho, nuestra vida está amenazada. Así que es nuestro derecho en tanto que humanos el ganar nuestra libertad, aunque ello suponga el ejercicio de la violencia. Entonces, ¿qué debo hacer si deseo ser humano? Es más que evidente: debo luchar por mi libertad.
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jueves 8 de noviembre de 2007
Que vivan los estudiantes!!!!
Hoy escribo unas palabras de aliento para todos nuestros compañeros ucevistas. Amigos, como ucevista, tengo a la casa que vence las sombras plasmada en mi alma. Aquellos que fueron victimizados ayer por las hordas chavistas, sepan que se hará justicia para uds.No permitiremos que un grupúsculo de pseudorevolucionarios pagados por el gobierno nos amedrente. Los estudiantes estamos en la calle y no tenemos miedo, vamos a frenar el absurdo hecho reforma y les vamos a demostrar cuánto valen los estudiantes. Jamás dejaremos de perseguir a aquellos que osen violentar nuestra querida UCV. Acá les dejo una foto del desalmado que hirió a varios de nuestros compañeros ayer.
Reconócelo ucevista y rechaza su actitud.
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viernes 2 de noviembre de 2007
Expresos Mérida: Una pesadilla.
Todo comenzó un viernes a las 6:40pm, aproximadamente, el ambiente se encontraba tranquilo, mientras me disponía a abordar el autobús con destino a la ciudad de Maracay, desde el Terminal de pasajeros de la ciudad de Mérida. Fue allí donde todo empezó. El primer encontronazo con la fatídica aventura propinada (por parte de la mentada línea de transporte terrestre) se advirtió por la extraña situación que imposibilitaba guardar el equipaje en el maletero del susodicho armatoste de acero.
Al respecto, el chofer profirió una serie de argumentos que negaban la eventualidad de abordar a la unidad con el equipaje, a lo cual, pregunté, puesto que el boleto indicaba las 7:15pm como hora de salida, ¿Si no llega el joven encargado de guardar el equipaje, qué debo hacer? ¿Abordar sin el equipaje o quedarme por la absurda razón de no abordar el equipaje en el área de pasajeros? Pregunta que no tuvo respuesta, sino un desagradable comentario: “Si usted no lo desea entonces no viaje”.
En fin, resolví esperar a la llegada del tan ansiado joven. Entretanto, me dediqué a conversar con mis amigos, que viajaban con destino a Caracas, la serie de vicisitudes que hube padecido siete años antes con la misma línea de transporte, con destino contrario en aquel entonces; razón por la cual jamás viajo con dicha empresa, mas, que por cosas del desafortunado azar, debido a que en el resto de líneas se encontraban agotados los boletos a mi destino tuve que padecer a Expresos Mérida por segunda vez, y esta, es mi historia:
A las 7:15pm ya agobiado por la pronta salida del autobús y la ausencia del joven encargado del equipaje, intenté dialogar con el chofer y le expuse mi tesis, “si el chico no llega de igual forma voy a abordar pues ya vamos a zarpar”. Lo cual, llenó mi noche de un espanto que vaticinaba lo que estaba por ocurrir, pues el sujeto que se nombraba a sí mismo chofer me dictó la noticia de que “han cambiado el horario así que: salimos a las 8:00 pm y no en este momento” En ese instante dije: “¡Qué! ¡Esto es una insensatez, a mí nadie me avisó!”.
Y eso no es nada pues la tragedia está por comenzar: 7:40pm por fin llegó ¡el exquisito guarda equipaje!, corrí desenfrenadamente antes de que a alguien se le ocurriera decir que el maletero estaba lleno. 7:43pm me relajo, doy la última bocanada a mi cigarrillo, lo apago, me despido de mis amigos y decido abordar, mi asiento era el número dieciocho B, entro a la insufrible unidad, subo las escaleras, comienzo a contar, 12,13…17 y… Lo que tanto temía ¡Horror! Alguien está ocupando mi asiento. Luego de chequear los pasajes con el joven que se encontraba sentado en la butaca dieciocho, me percaté de que: sí era cierto, la empresa había asignado el mismo lugar a dos personas distintas.
7:47pm bajo las escaleras indago al chofer y este sólo tiene una cosa que decir “Vaya a la oficina que yo no le he vendido ningún pasaje” Pregunto (eso sí totalmente indignado) “¿Usted acaso no sabe quien se monta o no en su unidad? Esto es un absurdo ¿Cómo no va a saber?” En ese momento. Él ¡Gritándome! Me dice que ese no es su problema y que no me queda otra que correr a la oficina y resolver el problema. En el ínterin voy pensando “¿Por qué ese sujeto me gritó? ¿Acaso no se ha dado cuenta de que yo junto con el resto de los pasajeros pago el sueldo con el que mantiene su familia?” 7:52pm en la oficina ¡Hecho un manojo de nervios! (Pues me era imposible pernotar esa noche en La Ciudad De Los Caballeros), alcancé a balbucear un par de palabras, con lo cual, la chica de la taquilla, seguramente acostumbrada a dichos malentendidos, me asignó otro asiento. Desesperado, subí desaforadamente las escaleras y atravesé el pasillo hasta el asiento veintisiete, tan sólo para percatarme ¡De que alguien lo ocupaba! Por fortuna era una señora y su hija, y se habían equivocado de asiento.
Por fin me tranquilizo, abro el libro de Luis Castro Leiva que adquirí en la amable ciudad del pico Bolívar: Insinuaciones deshonestas, luego de un par de reconfortantes páginas, la unidad comenzó a andar, 8:05pm ¡uff! Suspiré, seguramente todo habrá terminado. En eso, se apaga la luz del macabro armatoste de acero y me digo, con tono de seguridad: “eso no es nada con prender la luz de lectura será suficiente”, luego, de escuchar el clic-clic del interruptor, me percato de que nada sucede, así que no me era posible continuar mi lectura, lo cual, en ese momento confirmó que el peor viaje de mi vida, apenas comenzaba.
Ya sin luz, resignado por tener que guardar mi libro y sentarme a esperar por el inicio de la película, conversé con algunos de los pasajeros respecto a la línea de autobuses con la que nos tocó viajar y todos a viva voz acordamos “esto es una…y que lo único que faltaba era que la película fuera repetida” Seguro no les sorprenderá oír que en efecto así era, se trataba de: Kin Kong ¡Dios! Ya nada podría hacer mi vida más miserable, así que decidí dormir, claro está, ¡para evitar pensar en el suicidio!
9:15pm alguien me toca y emborrachado por el sueño no logro entender lo que está ocurriendo; es en ese instante que alcanzo a asir lo que ocurría: me estaban despertando (¡en medio de la vía!), en algún lugar del cual no quiero acordarme, para indicarme que me arrimara pues el asiento a mi lado, hasta ese momento vacío, debía ser ocupado. Enseguida, mi mente se vio sugerida por un entrañable pensamiento “¡¿A quién se le ocurre recoger pasajeros en el derrotero?! ¡Esta gente se ha vuelto loca! ¿Dónde estoy? ¿Qué es esto: nuestro insólito universo? ¿Dónde está Porfirio Torres? ¡¡Que alguien me diga que esto es la cámara escondida!!” Desgraciadamente no fue un sueño ni una quimera.
9:10pm una vez que hube perdido el sueño me senté a ver la aburrida película, mientras el autobús, por alguna extraña y desconocida circunstancia, se encontraba detenido en quién sabe que lugar entre Mérida y Maracay (valga destacar que los pasajeros, tantos los de la vía cómo los que abordamos en el Terminal de Mérida, jamás fuimos requisados). Luego pasó, lo más insólito del relato: uno de los televisores ¡Misteriosamente! Se apagó, para, diez minutos más tarde, a las 9:20pm (aún estacionados cabe destacar) volver a encenderse. Cinco minutos más tarde, antes de reanudar la marcha, no me sorprendí al ver a un chico de unos diez años caerse por culpa de la mal pegada alfombra del suelo, ya nada era increíble, cualquier cosa podía pasar. 11:50pm Tampoco sufrí al ver que el chofer se estacionó en la más detestable parada del camino, pues, eso ya era de esperarse.
9:27am (del otro día) no pude creer al ver que bajé de La pesadilla con ruedas sano, salvo y sin ningún otro desdeñable incidente que pueda recordar. Moraleja: cuando viajen con Expresos Mérida, no olviden su estampita de José Gregorio Hernández, pues, ¡sólo un milagro los puede salvar de la peor de sus pesadillas!
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jueves 25 de octubre de 2007
“La revolución es importante y que cada uno de nosotros, solo, no vale nada”
No voy a realizar una disertación en torno a lo mal escrita que está dicha frase, pero sí a establecer lo que podemos entender por ella, y, a la serie de conclusiones que se pueden derivar de lo que se autodenomina Brigada Moral y Luces. Este dictum, sentencia, frase, aforismo, afirmación o como queramos llamarle, es sin lugar a dudas una muestra del absurdo que significa intentar aniquilar la individualidad humana en pos de una ficción como lo es el “todo”, la sociedad o peor aún la revolución. Estas, y otras quimeras, han sido siempre definidas por filósofos, más recientemente por sociólogos, entre otros. La fantasía que se deriva de entidades abstractas ha llevado a más de uno a creerse en la potestad de indicarle al resto de nosotros: como debe vivir. Ya que ellos sí saben como son las cosas y la realidad, el resto estamos alienados. Nada más escalofriante que encontrar una sentencia que niega mi ser en tanto que individuo, nada peor que un grafitti negándome la posibilidad a la diferencia. Quiénes piensen que lo que digo carece de fundamento acérquense al helicoide, esa fea estructura que está adyacente al puente hierro, y note entre los murales la frase tal y como se las presento. El quinto motor de los rojos rojitos, moral y luces, se muestra entonces como el asesino de la diferencia, pues la dignidad del individuo, que vale acotar es lo que realmente existe, se ve depauperada por la visión totalizante de un sector del país. Ustedes, amigos míos, están confundiendo la justicia social con la aniquilación del individuo, una cosa es igualdad y otra muy distinta que el individuo carezca de importancia, es decir, que sea prescindible. Además, creen que la sociedad política es el país o la república, cosa por demás falsa que no pienso explicar. Lo único que sí voy hacer notar es que el hecho de que un individuo no sea parte de un colectivo no implica que éste no tenga valor, por el contrario, cada persona a partir desde su misma concepción es única e insustituible. Perspectivas como la que ustedes defienden justifican atrocidades como las cometidas por la unión soviética, ¿Es que acaso ninguno de vosotros se a paseado por las páginas de la historia bolchevique, sin contar con los presos y los muertos políticos en Cuba? Debemos oponernos con todas nuestras fuerzas ante aquellos que pretenden negarme mi cualidad de persona, yo, ustedes y todos, valemos por el simple hecho de haber nacido. ¿Moral y luces? ¿Por qué razón la famosa frase del libertador se usa como bandera para quitarnos lo más preciado que tenemos: nuestra libertad de ser uno? Ser humano y ser libre son, necesariamente, conceptos que van siempre de la mano. Las conquistas históricas, como los derechos del hombre y del ciudadano, más recientemente: los derechos humanos, que ponen por encima de todo el derecho a la vida y a ser libres, son conquistas de la libertad que se afianza y quiere más a sí misma. Una vez dijo Octavio Paz algo que reza más o menos: “para ser he de ser otro porque sin otros no soy, pero los otros no son sin mí”.
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lunes 22 de octubre de 2007
Internet y la realidad ampliada
La noción del espacio está siendo modificad por la red global. Internet es un conjunto de relaciones en las que conceptos tales como: entrar, salir, lugar; son diversos a la tradicional y vulgar noción de espacio. El cyber-espacio no está allí, es sólo la expresión de un software computarizado que en base a bits y cálculos matemáticos generan una nueva forma de especialidad: virtual, semi-real o, simplemente, una extensión de lo que comúnmente denominamos “real”. Lo real pasa por la revisión de la conciencia, toda experienciación de la conciencia que adquiera significado en nuestras vidas es real. Existir y ser real son dos modos diversos de ser, el cyber espacio no existe en el sentido de que no es uno de los entes que componen el mobiliario del mundo, por el contrario, lo real no necesariamente es un ente del mobiliario de cosas existentes que somos capaces de asir. En tanto una cosa adquiera un significado, es decir, le exprese una semántica a mi conciencia, y articule mi existir en el mundo, configurando una relación con mis modos de entender las cosas y los objetos que se presentan ante mi conciencia es real. Es interesante la forma en que las simulaciones virtuales de Internet son capaces de mostrar espacios en los que usted puede crear un alter ego, simplemente mostrar otro yo decidir como lucir, como llamarse. En definitiva decidir quién ser. Los espacios cybernéticos nos permite comprender que el mundo está siendo ampliado por una comunidad de individuos que se relacionan de una forma radicalmente nueva. Internet no es producto del simple azar, su éxito radica en que los seres humanos siempre se han visto seducidos por la idea de alterar sus estados de conciencia, de esta forma Internet, y las simulaciones virtuales en general, nos permiten alterar nuestra conciencia de forma tal que seamos capaces de ser copartícipes de la creación de la realidad de una forma totalmente distinta a la manera en que hemos articulado la sobrenaturaleza producto de nuestro hacer técnico. Históricamente, la humanidad ha creado máquinas para realizar labores en el mundo. Artilugios que permiten desplazarnos más rápido, volar. Percibir de forma diferente, los radares que detectan sonidos de baja frecuencia. Realizar tareas más rápido. Inclusive hemos logrado, a través de la medicina y sus avances, modificar la naturaleza congénita humana transformando nuestro ADN. Todos estos avances son muestra de lo que los humanos somos capaces de hacer. Hoy día una tecnología que ni siquiera es mayor de edad, en su uso civil tal como le conocemos hoy, está ampliando la realidad. Es difícil comprender donde está Internet, ya que no está en ninguna parte, ya que es la relación entre ordenadores que intercambian información entre sí. Las dificultades teóricas aumentan cuando se trata de definir páginas radicalmente novedosas como secondlife, esta nueva forma de expresar el mundo virtual permite una interacción con el usuario nunca antes vista. Por ello me atrevo a afirmar que nos encontramos frente a las puertas de una realidad ampliada.
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